Comunicar, escuchar y empatizar: Claves para que la forma no le gane al fondo

"Da 'cringe' ver a personajes poco preparados, de baja estatura intelectual y peligrosamente torpes proponer ideas irresponsables y decir cosas horribles de manera que suenen como de 'sentido común'", escribe Rodrigo Vergara para Turno PM.

18-11-2025

Por Rodrigo Vergara Rojas


En su best-seller “Inteligencia Intuitiva” (Blink), el periodista Malcolm Gladwell menciona el caso del presidente estadounidense Warren Harding, un político mediocre de buenas facciones, aspecto de “tribuno romano”, locución notable y modales elegantes. Todos esos rasgos encandilaron a sus colegas del Partido Republicano a tal punto que, motivado por ellos, lo candidatearon a presidente. Harding, fallecido durante su mandato, es considerado uno de los peores mandatarios estadounidenses porque estaba poco preparado, rehuía debates importantes, involucrado en temas de corrupción, y conocido por su afición al juego y su apetito sexual.


Si algo deja el proceso electoral en curso es la importancia de las “habilidades blandas”. Da “cringe” ver a personajes poco preparados, de baja estatura intelectual y peligrosamente torpes proponer ideas irresponsables y decir cosas horribles de manera que suenen como de “sentido común”.


Un perfecto "cuatro de copas" con habilidades comunicacionales puede derrotar fácilmente a un “sabio” que carece de ellas. Ello explica que alguien como Johannes Kaiser, poco preparado, pero con notables habilidades comunicacionales, sea capaz de convertirse en un actor político relevante. Ello explica que alguien tan evidentemente impresentable como Donald Trump, que tendría que estar excluido de la actividad política debido a su nutrido prontuario de barbaridades, haya sido elegido dos veces presidente de Estados Unidos, y aún mantenga una cantidad importante de adherentes.


El centro de la discusión pública ya no está en las academias ni en los medios tradicionales, sino en las redes sociales y en el streaming, medios con características adictivas que se han constituido en la principal fuente de información para mucha gente, y respecto de los cuales, gran parte de ella no está en condiciones de procesar sus mensajes de manera crítica. El que domine en esas canchas gana, y la ultraderecha ha demostrado pericia en ello. Son, por historia, maestros consumados en la aplicación de los principios de la propaganda de Goebbels, y las enseñanzas de Steve Bannon. Saben sacar provecho como nadie de las pulsiones emocionales y de los prejuicios de la gente.


Con la lógica, la razón y los argumentos no alcanza. Aquí no gana el que tiene las mejores ideas o las mejor fundamentadas, sino que gana el que las "vende" mejor. Hay que saber captar el ambiente, sintonizar con él, empatizar con los deseos y prejuicios de las masas y enfocar el mensaje de manera que los incluya y les haga sentido. Para que el fondo entre a pesar, la forma tiene que ser atractiva.


Quizás el gran error de la clase política fue alejarse de la gente, ningunearla y desatenderla. Uno de los motivos del auge de los grupos evangélicos en las poblaciones fue que la Iglesia Católica se puso elitista, dejó de lado el trabajo social que la distinguió en el pasado, y se alejó de los pobres. Con eso, le dejó la cancha servida a los evangélicos.


Lo de Jeannette Jara, más allá del resultado del balotaje, resulta encomiable. Antes de las primarias, nadie daba un peso partido por la mitad por ella, y muchos proyectaban un balotaje entre dos derechistas. Hizo campaña cargando dos lastres pesados: oficialista y comunista. Aun así, logró la más alta votación en primera vuelta. Si quiere tener alguna opción, no queda otra que ir donde los votantes de Parisi y los "fachos pobres", dejar de ningunearlos, y comenzar a acogerlos, escucharlos, empatizar con ellos y tenerlos en cuenta.

Turno.Live